Algas. El eslabón más necesario de la cadena

Las algas, ilustres miembros del Mundo Vegetal, presentan diferentes formatos. Desde una esferita verde en el diminuto mundo que puebla una gota de agua vista al microscopio, hasta gigantescos cordones de materia verde que pueden verse desde el espacio. Los biólogos que las estudian se llaman ficólogos y han descrito ya 27000 especies distintas.

Ellas estuvieron al principio de la vida, fabricando oxígeno y materia biológica para todos. Siguen hoy, manteniendo la biosfera del mismo modo. La mayoría del oxigeno se produce en el mar, gracias al fitoplancton. La cadena alimenticia que sostiene a los animales acuáticos comienza en este primer escalón.

La fotosíntesis es un proceso mediante el cual una célula a partir de sustancias inorgánicas crea materia orgánica y oxígeno, destruyendo el anhídrido carbónico, principal agente del cambio climático. La luz es el motor que impulsa el mecanismo y la clorofila, una simple molécula, es el alquimista que dirige la transmutación.

El hombre las utiliza de pienso, abono, para producir biocombustibles, como materia prima de cosméticos, en medios de cultivo de microorganismos (agar) alimento (Kombu, Nori, Hijiki), pero pocos son conscientes que sin ellas no habría vida en el planeta.

 Los científicos las usan como indicadores biológicos. Su cantidad e identidad dicen mucho de lo que ocurre en los ambientes donde viven.

Estos organismos también han colonizado el medio terrestre. En simbiosis con los súbditos del Reino de los Hongos forman los Líquenes, presentes en todos los ecosistemas, incluso aquellos de condiciones más extremas.

Las algas son capaces, incluso, de asociarse con animales. Ciertos moluscos, en este caso Opistobranquios, ingieren algas unicelulares para incorporarlos a su organismo. El molusco, de este modo, es capaz de alimentarse exclusivamente de luz, agua y anhídrido carbónico, nutrientes que nunca faltan. El animal no necesita comer. Aquí la ventaja evolutiva es evidente. Se conoce con el nombre de cleptogamia (robo de células). Si el Homo sapiens adquiriera ese poder se arreglaran muchos problemas.

En futuros viajes espaciales pueden solucionar el problema del aire respirable y la comida fresca. No sería preciso llevar tanques monstruosos de gas ni una montaña de coservas. Las algas se encargarían de todo. Cuando colonicemos planetas la vanguardia serán estos seres.

La humanidad no cuida de la salud de sus aguas. Los mares y océanos están siendo contaminados por sustancias que obstaculizan el indispensable trabajo de las algas. Los vertidos petroquímicos bloquean en grandes extensiones el intercambio de gases con la atmósfera, las basuras y restos de pesticidas les despojan de su vitalidad.Descuidar las algas es un suicidio. Y somos lo suficientemente tontos como para hacerlo.

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