La salud del agua

El agua contaminada no sólo agrede la vista y el olfato humano, es un ataque contra el soporte vital de una gigantesca nave que orbita alrededor del sol, rodeada de vacío a doscientos grados bajo cero. En ese vehículo viajamos todos, seamos plantas, animales, microbios, hongos o robots. Fuera de ella aún no hemos encontrado vida y mucho menos un ecosistema que nos sirva de ‘Plan B’ si jodemos el planeta.

La vida, tal y como la entienden los sabios actuales, que no conocen aún otras modalidades, necesita desarrollarse en medio acuoso. En una charca de nuestro planeta la Química y la Física crearon la Biología. Quizá fue en otro planeta y un mensajero helado, en forma de cometa, nos sembró. Desde aquel instante han pasado 3.700 millones de años y sólo ha sido necesario medio siglo para mandarlo todo a la mierda, soñando con abandonar el barco a la manera de las ratas.

Un lago, río, charca, mar u océano, tiene su propio sistema de depuración: Los microbios, las algas, los animales y las plantas vasculares trabajan en equipo y logran adecuar el medio a sus necesidades. Enemigos irreconciliables en la cadena trófica, colaboran en el interés común.

La humanidad no se comporta como el resto de los seres vivos, somos la pesadilla del agua, Los Hijos Bastardos de Nuestra Madre el Agua.

El Mar Menor, una laguna salada del litoral mediterraneo en España es un triste ejemplo:

El nitrógeno y el fósforo vertidos en exceso a consecuencia de una agricultura suicida y unos turistas que cagan mucho,han sobrepasado la capacidad natural de depuración del ecosistema. Las aguas turbias privan a las praderas submarinas de la luz del Sol, las hélices de los barcos matan el plancton, los desaprensivos trafican con caballitos de mar y agotan el pescado, los metales pesados escapados de la minería campan a sus anchas, el aceite y el fuel de las motores irisea la superficie, las bolsas del supermercado asfixian a las tortugas, la obra pública defiende los intereses privados… El resto de la Biosfera lleva un ritmo de destrucción semejante, el Mar Menor es una dolorosa y cercana evidencia.

Lo triste es que hasta los más listos, entre ellos Hawking, piensan que esto no hay quien lo pare y que hay que irse a joder planetas nuevos. ¡Vaya Plan!

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