Amistad entre hormigas y árboles

La Naturaleza está llena de sorpresas. Hoy hablaremos de la “amistad” entre un árbol y ciertas hormigas. A esta especial relación entre seres de categorias diferentes (en este caso, súbditos del Reino Vegetal y del Reino Animal) los biólogos la definimos como Simbiosis o Mutualismo, donde ambos asociados se benefician el uno del otro y viven mejor juntos que separados.


El árbol asociado

La especie de la que hablamos crece en los húmedos bosques tropicales de Centroamérica, de las Antillas y del norte de Sudamérica. De nombre cientìfico Tiplaris americana, popularmente se le conoce como Varasanta o Palo de Santa María.

Es un árbol esbelto, de estrecho tronco (no más de 40 cm de diámetro) y que puede alcanzar 25 m de altura.

Sus hojas son grandes y anchas, con nervios marcados. Tiene flores masculinas (de color grisaceo) y femeninas (rosaceas), agrupadas en diferentes ramas. Sus frutos son alados. Se emplea como árbol ornamental y para obtener madera.

Los nativos conocen las propiedades terapéuticas de esta especie arbórea, empleando las hojas para aliviar quemaduras y la corteza para combatir la diarrea y para curar la malaria.

Las hormigas aliadas

Los insectos que se asocian al árbol que hemos mencionado pertenecen a dos géneros distintos:

Pseudomyrmex:

Las especies de hormiga de este género que se asocian con el árbol anterior son nativas de la misma zona geográfica que él y son tres, difíciles de diferenciar para quién no sea un especialista: P. triplarinus, P. mordax y P. dendroicus. Son de pequeño tamaño, no mas de 9 mm, aunque las reinas son algo más grandes. Suelen presentar una mezcla de colores, que oscilan desde el negro hasta el pardo. El veneno que producen para enfrentarse con sus enemigos, según recientes investigaciones, puede servir para el tratamiento de la artritis reumatiode en humanos.

Tapinoma:

Representado por una sola especie, T. megalocefalum, se trata de un invitado no deseado a la fiesta, ya que proviene de bién lejos, en particular, de África. También se le conoce como hormiga fantasma, debido al color traslúcido de su abdomen y otras partes de su cuerpo. En España está catalogada como Especie Invasora.

La asociación simbiótica

Para que la convivencia funcione y se prolongue generación tras generación, ambos socios tienen que aportar un beneficio a la otra parte:

Beneficios aportados por el árbol:

La planta ofrece al insecto alimento (nectar y savia elaborada) y vivienda (los hormigueros se forman en canales huecos en el interior de ramas y troncos sin restar vitalidad al árbol, ya que ocupan los tejidos inertes de su anatomia).

Beneficios aportados por las hormigas:

Defienden al árbol de sus competidores, es decir, otras plantas vecinas que puedan mermar los recursos necesarios para su protegido, ya sea luz, nutrientes del suelo o agua. Los insectos, empuñando sus fuertes mandíbulas, destrozan al rival. Estas hormigas son capaces de diferenciar al árbol hospedante de otros vegetales marcándolo con determinadas señales químicas.

También se enfrentan a sus enemigos, los voraces hervívoros, que pueden ser otras hormigas e incluso mamíferos, a los que atacan con mordeduras urticantes o repelen con olores desagradables.


Sinfonía Natural

Los seres vivos no están aislados de aquello que le rodea:

• Estan inmersos en un medio físico, donde tienen que lidiar con determinados parámetros (temperatura, humedad, agua, gases atmosféricos, componentes minerales, etc) para sobrevivir.

• También tienen que relacionarse con el medio biológico, es decir, con los otros organismos con los que comparten el medio físico. Estas relaciones son de diversas formas, por ejemplo:

– Unos comen y otros son comidos (predadores y presas, hervívoros y plantas).

– Los hay quienes explotan a otros seres (parasitismo).

– También existen los que se alimentan de cadáveres (necrófagos).

– Están los que se nutren de materia organica en descomposición (saprofitos).

– Los seres semejantes rivalizan por los mismos recursos (competición).

– Los seres diferentes, en ciertos casos, pueden asociarse (simbiosis o mutualismo), de lo que hemos hablado en el presente post.

Este juego, la mayoría de las veces cruel y en pocas ocasiones amable, es lo que llamamos Naturaleza, donde vivir y morir son las dos caras de la misma moneda, ambas tan necesarios como inevitables.

Los humanos, aunque soñemos ser los directores de la orquesta, no pasamos de ser meros instrumentos, que para hacernos notar, desafinamos.

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