Iboga: Un viaje al Mundo de los Espíritus

La protagonista de este post es la raíz de un arbusto africano conocido como iboga, de múltiples propiedades. Puede usarse del mismo modo que un simple café, para espabilar al consumidor y aliviar la fatiga del trabajo cotidiano. Pero también ha podido verificarse que ayuda a los drogodependientes a curarse de sus adicciones. Y además, para los creyentes del culto bwiti, es un pasaporte al “mundo de los espíritus”.


Tabernanthe iboga


Esta especie fue descrita por primera vez y bautizada por el botánico Henri Ernest Baillon en 1889.

Es un arbusto de no más de un metro y medio de altura. Sus hojas tienen forma de hoja de lanza, son verde-amarillentas, de nervios marcados y de unos 10 cm de longitud. Las flores, de 2 cm aproximadamente, crecen en pequeñas agrupaciones, son tubulares en la base y ensanchadas en el extremo, de diversos colores (rosadas, amarillas o blancas) y siempre con manchas rosas.

Los frutos se presentan a pares, son de color anaranjado, ovoides y de 3 cm de largo.

Las raices son más gruesas que los tallos y de color pardo. En ellas, sobre todo en la corteza, se almacenan las sustancias responsables de los poderes de la planta.

Esta planta produce un abundante látex, blanco y de olor desagradable.


El iboga es nativo de oeste de África Ecuatorial donde crece espontáneamente en los bosques, aunque también suele ser cultivada. Se puede encontar en Gabón, Guinea Ecuatorial y el Congo.


Compuestos activos presentes en la raíz


Son alcaloides, como la mayoría de las sustancias psicoactivas de origen vegetal. La más importante es la ibogaína, aunque también se encuentran otras moléculas muy similares y de propiedades semejantes: Ibogamina, tabernantina, coronaridina y voacangina.


• En dosis pequeñas actúan como estimulantes, despejando la mente y haciendo desaparecer la sensación de hambre y sed, herramienta muy útil, cuando las condiciones de vida de los consumidores son difíciles y las actividades económicas, precarias.

• En cantidades mayores tienen un potente efecto alucinógeno, ya sea con intenciones lúdicas o religiosas.

• La sobredosis puede provocar parálisis, incluso de la respiración, que pueden causar la muerte. También pueden generar secuelas fisicas, quedando dañadas algunas neuronas del cerebelo (células de Purkinje) lo que conlleva problemas de equilibrio y coordinación.

Valores terapéuticos


Los ensayos clínicos demuestran que una correcta administración de estos compuestos, disminuyen el síndrome de abstinencia en pacientes con dependencia de opiáceos (heroína y morfina), primer paso para la desintoxicación y posterior curación.

El enfermo deja de padecer las convulsiones y molestias físicas típicas de cuando la droga falta en el organismo. De esta forma, no se emplean otras sustancias derivadas del opio (metadona), que también crean dependencia física y psíquica o barbitúricos, que además tienen desagradables efectos colaterales. También se ha visto que estos alcaloides del iboga son efectivos para tratar la adicción al alcohol e incluso a la cocaína, que solo produce dependencia psíquica.


La religión bwiti


Es un culto originario de Gabón y se remonta al siglo XIX, aunque más tarde se propagó a países vecinos (Guinea Ecuatorial, Congo, Camerún…). Todo comenzó con la llegada de los colonizadores europeos a Gabón. No solo ocuparon tierras que no eran suyas y pusieron a los nativos a su servicio para enriquecerse, también quisieron convertirlos al cristianismo. Muchos de ellos se negaron, en particular, los de la etnia fang. Huyendo de los invasores, se adentraron en la espesura de la selva, donde contactaron con tribus pigmeas, que utilizaban el iboga como droga religiosa y la incorporaron a sus creencias. De esta fusión surgió la religión bwiti, actualmente la mayoritaria en estos territorios.


El culto bwiti sostiene, que solapado al mundo cotidiano, el que percibimos con nuestros sentidos, hay otro mundo, el de los espíritus, también real, que lo sustenta. Todas las cosas, sean inertes, como las piedras o los objetos, o animadas, como las plantas y animales, tienen una faceta espiritual.


El creyente mediante la ingestión de raíz de iboga logra un “estado de conciencia alterada» que pone a su alcance las realidades invisibles.

Los sacerdotes (brujos para los civilizados) determinan las dosis según sea la finalidad de la ceremonia y dirigen los rituales específicos. El feligrés deberá ir ataviado para la experiencia, con ciertas vestiduras, máscaras y pinturas corporales.


Las ceremonias tienen diferentes objetivos, pueden ser una iniciación en la edad adulta, una visita a los parientes fallecidos para solucionar cuestiones pendientes o una cura de dolencias del cuerpo o del alma.


Resulta muy dificil de explicar porqué el uso de drogas tan poderosas como pueden ser el iboga, la ayahuasca, la hoja de coca, el palo de brujo o la bufoteína (la molécula de Dios) no crean cuadros clínicos de sobredosis o adicción cuando son manejadas en sus lugares de origen por los sabios (brujos, chamanes…) tradicionales, sin ningún tipo de conocimiento científico. No solo no generan problemas de salud, sino que curan dolencias físicas y mentales.
Por contra, cuando esas drogas se sacan de su contexto geográfico y cultural son realmente peligrosas. Un brujo de verdad, ya sea amazónico, africano o andino nunca viaja a la civilización y monta lucrativos consultorios donde promenten curar (casi) todos los males. Los accidentes son frecuentes, a veces mortales, y las curaciones inexistentes o meramente casuales.


Hay casos, por ejemplo, el iboga, que ha cosechado importantes éxitos, bajo prescripción y vigilancia médica, en pacientes con dependencia a ciertas drogas. Sin embargo, las dosis que proporcionan los sacerdotes de bwiti a los asistentes a las ceremonias, según los conocimientos científicos actuales, son tan excesivas que deberían mandar a la mayoría al «otro mundo» pero sin billete de vuelta o dejarles secuelas, lo que nunca suele pasar.

Nos encontramos ante un gran misterio, como otros tantos sin resolver. Pero la Ciencia es lenta y sometida a reglas muy estrictas, como son la duda metódica y en la verificación objetiva. No hay atajos que valgan. Las creencias religiosas pertenecen a un ámbito diferente, son múltiples y diversas, sin embargo, Ciencia solo hay una.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Minerva González dice:

    Gracias.

    Me gusta

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