Guaraná, el ojo que no duerme

Este extraño fruto con forma de ojo, guarda una bomba bioquímica en su interior. Muy estimado por los pueblos indígenas que descubrieron sus cualidades, sus valedores actuales lo presentan como un producto poco menos que milagroso: Despeja la mente, combate el sueño, mejora el rendimiento de los atletas, retrasa el envejecimiento, anima la vida sexual… Los excepticos afirman que se trata de exageraciones con intereses comerciales. En el presente post intentaremos arrojar un poco de luz sobre el asunto.

Una enredadera selvática

La selva amazónica guarda multitud de tesoros biológicos. Muchos de ellos aún se esconden para los ojos civilizados, pero no es el caso del guaraná, denominada por los botánicos como paullinia cupana.

El guaraná es un arbusto trepador, de aquellos que buscan la luz creciendo sobre los troncos y ramas de otras especies arbóreas, las que se sustentan por si mismas. Para sujetarse a sus huéspedes emplean zarcillos. Sus hojas son grandes, de bordes aserrados y cuya forma recuerda la hoja de una lanza. Las flores son blancas o amarillas.

El fruto del guaraná, como podemos ver en la portada del post, tiene una envoltura carnosa, de color rojo (también puede ser naranja o amarillo) que cuando se abre, dividiendose en tres, muestra una pulpa blanca y una única semilla pardo oscura y esférica. Su aspecto recuerda al de un ojo humano.

Crece de forma espontanea en los bosques tropicales de América del Sur. Se ha encontrado en Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Paraguay, Perú y Venezuela.

Los cultivos de guaraná se encuentran sobre todo en Brasil, ya sea en los estados amazónicos, como la región de Maués, o en Bahía. Plantado y cosechado tradicionalmente por las poblaciones indígenas, se trata de explotaciones sostenibles, bien distinto de las de la invasora soja.


La leyenda del guaraná

La etnia asociada al uso y cultivo de la paullinia cupana son los guaraníes. Según la leyenda indígena, todo empezó cuando una pareja de enamorados indios fueron bendecidos por el dios Tupá con la llegada de un hijo lleno de virtudes, que trajo la alegría y la paz a la selva.
Pero no todo el mundo fue feliz con el niño. El dios de la oscuridad, Jurupari, movido por la envidia, se transformó en serpiente y dio muerte a la criatura.
El dios Tupá decidió intervenir de nuevo, con la intención de contrarrestar la maldad de Jurupari. Aconsejó a los apenados padres que enterraran los ojos del difunto niño en el suelo de la selva. De ellos nació una planta, el guaraná, cuyo fruto, cuando se abre, recuerda al ojo humano y quien consume sus preparados consigue tanta salud como felicidad.


La industria del guaraná

Los consumidores tradicionales recolectaban los frutos de guaraná y dejaban que se secaran las partes carnosas al sol. Una vez liberada la semilla, la tostaban, le arrancaban el tegumento y la machacaban hasta formar un fino polvo marrón, que usaban a la manera del cacao, obteniendo efectos vigorizantes y favoreciendo los procesos digestivos.

A principios del siglo XX, un farmacéutico brasileño ideó un jarabe con los extractos de la semilla y consiguió un gran éxito comercial. A partir de ahí, el negoció del guaraná disparó. Se extendió al resto de los países amazónicos y se idearon más productos, como por ejemplo, bebidas refrescantes gaseosas, como la marca Guaraná antarctica capaces incluso de superar en ventas a la misma Coca-cola.

Hoy los productos derivados del guaraná, por cierto, muy bien publicitados, invaden el mercado de las bebidas y barras enérgeticas y de los suplementos dietéticos.

Efectos sobre el organismo humano

Un poco de bioquímica

En la semillas encontramos un coctel de sustancias estimulantes del SNC (sistema nervioso central), mayormente compuesto por guaranina (otro de los nombres de la cafeína), además de teofilina y teobromina.

La cafeína, aunque en menor porcentaje, también la encontramos en las plantas del café (coffea arabiga) y del (camellia sinenensis).

La teofilina es un de los compuestos activos de la yerba mate (ilex paraguariensis) y la teobromina del cacao (theobroma cacao).

Además de las sustancias antes citadas, encontramos vitamina B6 (favorecerdora de los procesos metábolicos y del sistema inmunitario, presente en la carne, el pescado o las bananas), sodio ( ayuda a mantener el equilibrio de los líquidos internos y es necesario para la transmisión del impulso nervioso, presente en la sal común) y polifenoles (antioxidantes, del mismo modo que la vitamina C, abundante en las frutas).

Beneficios

De su composición se deduce que no contiene sustancias que se puedan calificar de excepcionales o díficiles de encontrar en otros productos. No tiene poderes mágicos ni convierte a sus consumidores en superheroes o seres inmortales.

Podemos afirmar que actúa de las siguientes formas:

• Mejora el rendimiento muscular, cardíaco y cerebral. No implica que con su consumo, el que no hace ejercicio se convierta en atleta o el que no ha estudiado en su vida le den premio Nobel.

• Es euforizante. Un buen chiste también lo es.

• Sube la tensión arterial y por tanto favorece la erección, aunque, por supuesto, es mejor desear y ser deseado y no irse a la cama pasado de copas y drogas.

• Favorece la perdida de peso. Siempre y cuando no te hayas comido antes veinte bombones.

• Retrasa los procesos de envejecimiento, pero no pienses que por más que tomes te van a confundir con tu hijo.

Efectos secundarios

Hay que tener cuidado de no abusar de la ingesta de guaraná. Si sobrepasamos una ingesta de 1 gramo/día, los efectos secundarios pueden ser:

• Insomnio

• Agitaciones psicomotrices

• Arritmia cardiaca

• Riesgo de infarto

• Ansiedad y ataques de pánico


A modo de conclusión

En la salud no son recomendables los atajos. La industria de los alimentos, bebidas y suplementos milagro está llena de exageraciones publicitarias, de recomendaciones pseudocientíficas e incluso de productos perjudiciales para la salud.

No podemos negar el inmenso poder de ciertas plantas sobre el funcionamiento del cuerpo humano, no sería propio de un botánico… Pero, que quede claro, que nada puede sustituir a una equilibrada alimentación, a la higiene, al ejercicio saludable, a no automedicarse, a respetar los ciclos de sueño, a mantener a raya el tabaco, el alcohol y otras cosas, a encontrarse con la Naturaleza…Y a acudir a los médicos titulados cuando sintamos que algo no va bién.

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