La prodigiosa polinización del Ficus y su gastronómica sorpresa

Ficus es el nombre genérico de un grupo de árboles que de una manera u otra han estado y están vinculados al ser humano de multiples maneras. Este género (formado por 900 especies) posée una compleja estrategia de polinización que, como mínimo, podemos calificar de sorprendente.

Algunas especies de Ficus

La más famosa de todos es la higuera, Ficus carica, árbol citado en la Biblia, que produce unos conocidos frutos, los higos, alimento tradicinal en Asia Menor y la Costa Mediterranea, hoy conocidos en todo el mundo.

De frutos tambien comestibles tenemos al sicomoro, Ficus sycomorus, una especie de la que se tiene noticia desde los albores de la civilización. Originario de África Central, desde hace más de 5000 años era cultivado en las orillas del Nilo y dejó una fuerte huella en la cultura del Antiguo Egipto. Sin ir más lejos, en ciertos jeroglíficos se afirma que el sarcófago del dios que regía el ultramundo, Osiris, estaba fabricado con su incorruptible madera.

Buda, según la tradición, alcanzó el nirvana a la sombra de un baniano, Ficus benghalensis, endémico de la India. Hay quien sostiene que ese ejemplar en concreto aún sigue en pie, siendo visitado por multitud de peregrinos. Ciertamente, es una especie longeva y no sería imposible que dicho árbol perdurara en el tiempo…

Otras especies están distribuidas por todo el mundo debido a su valor ornamental, desde el doméstico Ficus benjamina, de pequeño tamaño y tolerante a vivir en interiores, hasta los gigantes de los parques como Ficus macrophilla, en la portada del post, nativo de Australia.


La polinización de Ficus

Las flores de Ficus se encuentran en el interior de una estructura en forma de saco llamada sicono, aquella que cuando crece y madura consideramos popularmente el fruto, pero propiamente no lo es.

El sicono es un complejo diseño evolutivo cuya finalidad es asegurar la reproducción sexual de este género de árboles. Este es método de multiplicación preferido por la Naturaleza, donde los genes de diferentes individuos se combinan para dar lugar a una nueva generación. La reproducción asexual, por contra, genera clones del individuo original, lo que cierra el paso a mejoras adaptativas y a la selección natural, imprescindibles para mantener la Vida en un planeta cambiante.


• Las flores masculinas, productoras de polen, se hayan en la proximidad de la “puerta” del sicono, el ostiolo.

• Las flores femeninas están tapizando el resto de las paredes internas.

• El agente polinizador son unas avispas de pequeño tamaño. Cada especie de Ficus usa exclusivamente su propia especie de avispa. En el caso del sicomoro es Ceratosolen arabicus, de unos 2 mm de tamaño. Este insecto casi ha desaparecido de Egipto, de ahí el declive de este árbol en el pais . En la antigüedad, Egipto era conocido como el “País de los sicomoros”, ahora mismo, la presencia del sicomoro en este país es anecdótica. Este hecho indica la interdependencia de insecto y planta, ambos se necesitan para sobrevivir. Esta íntima relación se conoce como simbiosis.

El ciclo vital del insecto está sincronizado con el ciclo reproductor del árbol. Intentaremos explicarlo en 5 pasos:

1. Partamos de los huevos de avispa depositados en el interior del sicono. Eclosionan y las larvas se alimentan de los verdaderos frutos del sicomoro que tapizan su interior, formados por una capa carnosa de color rosado envolviendo una semilla.


2. Las larvas se trasforman en avispas adultas, unas serán macho y otras hembra. Los machos fecundan a las hembras y mueren. Nunca saldrán al exterior.

3. Las hembras fecundadas salen por el ostiolo, impregnándose del polen que producen las flores  masculinas, que maduran antes que las de género femenino, evitándose la autofecundación, fenómeno no deseado.

4. La avispilla volará buscando otro sicono donde poner sus huevos y de paso polinizar a las flores femeninas. Una vez cumplida su misión, muere.

5. Las flores femeninas fecundadas, formarán los frutos que alimentaran a la nueva generación de insectos.


Así, por ejemplo, cuando nos comemos la rosada y apetitosa pulpa de un sicono de Ficus carica, es decir un higo, también estamos ingiriendo, de manera involuntaria, los cadáveres de las avispas de ambos géneros, huevos y larvas en crecimiento.

Aunque este hecho natural provoque que los vegetarianos y veganos informados pongan a los higos en su lista negra, para los omnivoros no debe ser una mala idea consumirlos. Hoy que resulta tan “fashion” lo de comer insectos en selectos establecimientos gastronómicos. Es una opción “low cost” y además rica en vitaminas.

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