Jubokko, el Árbol Vampiro de Japón.

En el folcklore japonés existen unos seres fantásticos llamados yokai (妖怪). Mezcla entre espíritu y demonio, son bastante diferentes a los fantasmas y diablos de la cultura occidental.

Múltiples y bizarros, se materializan en el mundo real, interviniendo con frecuencia en los asuntos humanos, en muchos casos sin ser vistos por los afectados.

Los yokai, unas veces ejecutan venganzas, maldiciones y ajustes de cuentas referentes a su pasado en el mundo de los vivos. Otras, son simplemente entidades malignas que juegan con los humanos y consiguen la desgracia de estos.

Si una casa es asaltada por uno o varios jokai o bien, un individuo es acosado por ellos, es preciso acudir a los sacerdotes sintoistas, que, a modo de exorcistas de guante blanco, se encargan de alejar a esos bizarros demonios por las buenas, mediante los rituales, rezos y ofrendas adecuados a la variedad de yokai de la que se trate.

Estos seres de ultratumba son de muy diferentes formas: Desde una mujer de largo cuello hasta criaturas humanoides de un solo ojo, también hay arañas con torso femenino, gatos de dos colas, hombres con una sola pierna, monjes sin rostro, zorros con alas, cabezas reptantes o hermosos árboles.

En la ilustración pueden apreciarse diferentes tipos de yokai. Han sido descrito miles de ellos y la lista no parece tener fin.

Los yokai son más poderosos que los humanos y estos no pueden dañarlos. Un enfrentamiento con ellos nunca resultará ventajoso.

Tienen partes humanas, animales o vegetales, procediendo de personas, animales y plantas que han recibido la incómoda maldición, a veces sin motivo, otras veces como castigo divino.


El árbol yokai

Cualquier árbol puede transformarse en un yokai de la clase jubokko. Es preciso que a su sombra se haya vertido abundante sangre. Los territorios donde se han celebrado batallas u ocurrido masacres son los ecosistemas donde podemos encontrarlos si viajamos a Japón y somos suficientemente imprudentes y curiosos.

Cualquier árbol extrae agua y sustancias minerales del suelo, sin embargo, cuando el líquido que lo riega es sangre, el árbol preferirá los fluidos animales y se volverá vampiro.

A partir de ese momento, el árbol sufrirá una transformación, pero no tan radical como para dejar de parecer un miembro más de su especie. Conservará sus hojas, pero desarrollará ramas con aspecto de extremidades humanas, rematadas en garras.

El jubokko es un árbol vivaz y de inmejorable aspecto, jamás parecerá un árbol enfermo. Suele ser más corpulento que los de su entorno.

Si pretendes visitar Japón, ten presente esta información cuando estés fuera de las ciudades. Contrata guias lugareños si decides deambular por sus maravillosos paisajes naturales, si vas solo, nunca sabrás si te encuentras en el escenario de alguna sangrienta batalla. No olvides que estás en el País de la Guerra, cuya historia se ha escrito con flechas, espadas y bombas atómicas. Cualquier palmo de terreno puede estar impregnado en sangre antigua y poblado por algún árbol yokai.

No solo los reconocerás por sus peculariedades anatómicas, si te acercas a él, rodeando su pie, podrás distinguir sus macabros acompañantes: caparazones de invertebrados, y huesos de animales, sean cráneos, fémures, tibias o costillas, algunos del género humano. Esta colección está dispersa en un círculo de varios metros de diámetro donde no crece nada.

Si alguna desprevenida persona pasa junto a un jubokko puede correr la desgracia de ser incluido en su menú. Unas monstruosas ramas te capturarán y te alzarán desde el suelo hasta el follaje aéreo, donde te estrujarán hasta que liberes tus líquidos interiores, que serán absorbidos hasta la última gota. También puede ocurrirte lo mismo si eres una curiosa abeja o un pájaro que ha elegido el ramaje del yokai para descansar un rato.

Sin embargo no todo lo que podemos esperar del jubokko es malo. Los herboristas japoneses afirman que este maldecido árbol, sea, por ejemplo, un pino, un abeto o un cerezo, tienen inmensos poderes curativos. Son pocos los valientes que se atreven a enfrentarse al yokai para obtener un fragmento de éste. Es preciso aproximarse al ejemplar, con sigilo y un conveniente camuflaje vegetal, lo máximo posible. Usando una afilada katana y velocidad podrás seccionar una rama, que sangrará como un miembro humano.

Con suerte podrás apropiarte de la rama mutilada y salir ileso de la experiencia. Puede ocurrir que el jubokko sea más rápido que tú, entonces, tus restos exprimidos formarán parte de la macabra colección del yokai arbóreo.

Cualquier médico tradicional te pagará una fortuna por la rama de jubokko sin preguntar por su origen. Es un negocio clandestino. No está bien visto robar a los yokai, que por más perversos que parezcan, se les considera seres sagrados y deben ser respetados por los mortales.


El mundo de los yokai se ve reflejado en cómics manga, series anime y videojuegos, saltando las fronteras y haciéndose popular en todos los países.
Se ha escrito mucho sobre ellos, artículos, tratados, diccionarios y enciclopedias, siendo recomendable para los interesados, la lectura de los textos de Shigeru Mizuki, en la actualidad, el sabio más reputado sobre el tema.

En la ilustración vemos la portada de la traducción al castellano de una de sus publicaciones.


Sólo en Japón es posible la coexistencia armónica entre la tecnología extrema y la tradición milenaria. Por ejemplo, en cualquier hogar nipón pueden convivir:

Humanos que respiran a través de mascarillas de papel y trabajan como autómatas.

Espíritus de los antepasados.

• Inteligentes androides de última generación.

• Demonios parlanchines de tipo Shinigami.

Humanosotaku” que lleva varios años sin pisar la calle enganchados a un videojuego.

Un huevo de Godzilla a punto de eclosionar.

Mascotas robots.

• Algún que otro yokai, quizá un bonsái de jubokko.

La archifamosa Hatsune Miku, cantante virtual, actuando en exclusiva para una humana milenial que tiñe sus cabellos con los mismos colores que la artista

Estas peculiaridades culturales son de difícil compresión para nosotros, los bárbaros extranjeros, que consideramos, por lo general, a nuestros fantasmas como reliquias del pasado. Dime tú como le explicas al jefe que llegas tarde a tu puesto de trabajo porque un extraño señor de un solo ojo no te deja dormir por las noches.


Si quieres seguir leyendo sobre mitología botánica puedes visitar un post de este blog titulado: Zaqqum, el árbol maldito del Corán.

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