La Noche que me tentaron las Uvas del Diablo: Solanum dulcamara.

Hace unos días descubrí que una hermosa planta había nacido en un resquicio de la acera. Justo en la puerta de mi casa.

Lo curioso es que la encontré de noche, cuando regresaba a mi vivienda después de un largo paseo a la luz de la luna. Me atrajo su perfume, un fuerte y agradable aroma de tomates frescos.

La luz de una linterna me mostró el foco del olor: Una pequeña tomatera, de elegantes flores púrpuras y atractivos frutos rojos. Pensé que eran tomates cherry y coseché un buen puñado. Mi plan era enriquecer la ensalada de la cena con ellos.

Sin embargo, no lo hice. La voz de mi conciencia evocó las palabras de un antiguo profesor:

-“Un botánico no debe comer una especie que no conoce”.

Decidí seguir el consejo y clasificar el especimen. Volví a la calle, tomé una flor y una hoja de la dudosa planta. Ya en casa, necesité unos minutos, un libro de taxonomía y una lupa de bolsillo. El resultado fue realmente terrible. La especie era Solanum dulcamara y aquellos tomatitos eran las Uvas del Diablo. Tuve suerte aquella noche. Me evité un lavado de estómago, unos cuantos pinchazos y la vegüenza de admitir ante los médicos que se encontraban ante un biólogo ignorante y suicida.


Solanum dulcamara, cuyos frutos tienen el aspecto de tomates cherry, no es apta para consumo humano ni de otro animal.

Tan solo los pájaros, responsables de la dispersión de sus semillas, pueden alimentarse de sus fruto sin sufrir trastornos.

También tiene usos médicos, particularmente, para afecciones dérmicas, aunque hay imprudentes que recomiendan su ingesta.

Esta planta es veneno, alimento o medicina, según cómo y para quién se utilice. Pertenece a la terrible familia de las Solanaceas, donde podemos encontrar al estramonio, la mandrágora, el beleño y la belladona. Esta categoría botánica se caracteriza por la presencia en sus jugos de unas sustancias llamadas alcaloides, de poderosos poderes psicotrópicos y fisiológicos.

La especie Solanum dulcamara es originaria de Europa, África del Norte y Asia Menor y desde allí se expandió a América. En Estados Unidos se le considera como una planta invasora.

Capaz de crecer en toda clase de terrenos, prefiere zonas húmedas y las proximidades del agua.

Es una planta trepadora, de unos 2 metros de altura, de hojas grandes, con forma de puntas de flecha.

Las flores, de color púrpura, tienen 5 pétalos y los estambres amarillos.

El fruto, uva del diablo, es pequeño, ovoide y color rojo intenso.


Principios activos:

Todas las partes de la planta, frutos, raíces, tallos, hojas y frutos contienen alcaloides tóxicos: solanina, solaceina, solamanina, etc.

También posee atropina, presente en el estramonio y la belladona, responsable de algunos de los poderes alucinógenenos de estas especies. En la imagen, una representación de la molécula. Las bolas grises son de carbono, las blancas corresponden al hidrógeno, las rojas son oxígeno y la azul, el nitrógeno, siempre presente en los alcaloides.


Valores medicinales:

Uso externo:

• El extracto de Solanum dulcamara, en forma de tintura, combate herpes, soriasis, eccemas y picaduras de insectos.

• En papiros del Antiguo Egipto están recogidos algunos de estos usos y en la Edad Media se empleaba como cosmético, particularmente para mejorar el cutis.

Uso interno:

• Su utilización en forma de infusión o decocción es problematica. Es un poderoso veneno, un cocktail de alcaloides. La ingestión de cualquier parte de esta especie puede producir alucinaciones, abortos, lesiones en el aparato digestivo, pulmones o hígado.

⚠️ Dosis letal: 12 tomatitos maduros pueden matar a un niño, y si están verdes, basta con la mitad.

Algunos médicos naturistas lo recomiendan en pequeñas dosis como sedante, para la gota, la hipertensn, piedras en el riñón o exceso de colesterol.


Cada uno es libre de elegir que tipo de medicina prefiere, si la tradicional, la alternativa o ambas. Sin embargo, no recomiendo el uso de esta planta, hay muchas otras que tienen efectos similares y no son peligrosas.


Hace algunos años, un profesor de botánica (el mismo que habla en mi cabeza) insistía, ante un auditorio estudiantil de aprendices de brujo, donde yo mismo me encontraba:

Un botánico no debe, bajo ningún concepto, comer, beber infusiones o fumarse especies desconocidas. Si alguno de ustedes quiere jugársela lo hace bajo su única responsabilidad, pero que sepa: ¡Si me entero de ello, le descontaré 2 puntos en la calificación del trimestre!

Poco tiempo después, en el transcurso de una excursión académica a la montaña, unos compañeros y yo nos alejamos del grupo de alumnos y profesores. Llevabamos utiles de cocina, también vino, era tiempo de setas y teníamos hambre.

Recolectamos una buena cantidad de una especie que alguien dijo que era champiñón silvestre y los demás aceptamos sin rechistar. Resultó ser una especie venenosa y la sobremesa fue infernal.

Fuimos llevados, maltrechos, al hospital y nos sometieron a innombrables torturas médicas para salvarnos el pellejo. Tres días tardaron en darnos el alta. Durante nuestra convalecencia fuimos informados que nos habían sido descontados 2 puntos de la asignatura.

Hay lecciones que no se olvidan. Me libré de las Uvas del Diablo.

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