¿Por qué hay Árboles de la Emperatriz de China en la Huerta de Murcia?

En la China tradicional, cuando una niña nace, plantan un árbol para ella. Cuando decida casarse, de su madera se fabricarán muebles y útiles para la casa. Hablamos de una especie botánica conocida como Paulownia tomentosa o Arbol de la Emperatiz. aquel que es tan fuerte y flexible que el Fenghuang, el ave fenix chino, se atreve a posarse en sus ramas, como vemos en la portada del post.

Paulownia tomentosa es un árbol de crecimiento prodigioso y de muchas más cualidades. Alcanza 20m de altura y es de copa ancha. Su madera es muy apreciada en China y Japón por su fino grano, ligereza y resistencia, permite fabricar toda clase de objetos y ser esculpida. En tierras occidentales se le conoce como Kiri.

Tiene grandes hojas, de hasta 60cm, acorazonadas y a veces lobuladas, de largos peciolos.

En primavera forma vistosas flores tubulares de color violeta.

Tiene frutos en cápsula, primero verdes y despues grises que contienen semillas aladas. (Usadas en China para embalar delicados articulos de porcelana antes del descubrimiento del poliestireno).

Paseando por la Huerta.

Conocí este árbol en uno de mis paseos por la Huerta del Murcia, en España. Este paraje sufrió como ninguno el “Boom” urbanístico de hace dos decádas: Cultivos abandonados, acequias soterradas, árboles talados, basuras, asfalto, esqueletos arquitectónicos, especies invasoras, urbanizaciones, hormigón y ladrillo. Si la economía no hubiera implosionado, hoy hablaríamos de una sucursal futurista de Mordor…

Llevaba un buen trecho caminado aquella tarde, cuando en un terreno de escombros, restos del naufragio inmoviliario, me topé con un bosquecillo de frondosos árboles que parecían estar recuperando terreno para la Naturaleza. Entre un amasijo de materiales desechados, la Vida se abría paso. Como desconocía la especie arbórea, pregunté a un anciano huertano que pasaba cerca, montado en una oxidada bicicleta. El hombre se detuvo y me contó, antes de seguir su camino, la historia de esos árboles:

“Se volvieron locos, querían construir en mitad de huertos de limoneros, granados y naranjos, un hotel de 18 pisos, una gasolinera y un supermercado. Mi huerto y mi casa iban a ser un aparcamiento municipal y los del Ayuntamiento lo expropiaron.

Pero nada de eso se hizo, los bancos se hundieron y los políticos quedaron con el culo al aire. No me pagaron el terreno, asi que lo considero de mi propiedad. El suelo había quedado inservible para cualquier cultivo, lo habían usado para amontonar los escombros de las obras que nunca se acabaron.

Mi hijo, que es biólogo, consiguió semillas de algo llamado “Kiri” y las sembré. Mira como estan ahora lo árboles. Dentro de poco podré plantar habas y tomates. Mis nietos podrán plantar en su dia limoneros, naranjos y granados

Aquel hombre me impresionó. Demostraba tener más conciencia que las autoridades que hemos sufrido y su hijo más conocimiento que muchos seudo arquitectos e ingenieros con los que he tenido la desgracia de cruzarme. Hijo y padre habían acertado de pleno, como más tarde me informé. Resultó ser un árbol idóneo para terrenos degradados:

• No precisa mucha agua.

• Resiste la contaminación y el fuego, sus raíces son capaces de hacer rebrotar el árbol despues de un incendio.

• El suelo detiene su erosión y se fertiliza con las hojas secas de Paulownia.

• Está considerada por los ecólogos como una especie pionera, una de las que deberíamos llevar a Marte si queremos hacer habitable el planeta rojo.

Puede vivir más de 250 años, aunque en la ciudad su vida es más corta. En algunos lugares se le considera una especie invasora. Solo se debe recurrir a ella en situaciones catastroficas, con la intención de sustituirlas más tarde por las plantas autóctonas. Las actuaciones sobre la naturaleza han de ser muy prudentes.

Ninguna intervención sobre un ecosistema enfermo es de resultados inmediatos y completamente exitosa. Siempre es más fácil y rentable proteger que recuperar, esto último, asunto imposible en muchos casos.

La humanidad, la agricultura y la Naturaleza pueden convivir juntas en el mismo ecosistema y beneficiarse mutuamente.

La Huerta de Murcia aun conserva rincones mágicos, pese a sus múltiples heridas. Son las reliquias de los tiempos de Al-Andalus, cuando los murcianos de entonces transformaron la cuenca cenagosa del Río Segura en un paraíso terrenal. A su sombra, creció una ciudad. Mil años más tarde, la ciudad quiere devorar la huerta que le dio el ser.

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