Laurel, el Árbol de los Heroes

Un esclavo galo sostiene sobre la cabeza de Julio Cesar una corona de laurel. El militar recorre las vías de Roma en un carro de oro tirado por cuatro caballos. Ha vuelto a la ciudad como un heroe, el conquistador de las Galias.

La cultura griega convirtió el laurel en el árbol cuyas hojas solo pueden coronar las cabezas de los héroes. Los romanos, herederos de los griegos, lo utilizaron hasta la saciedad. No siempre las hojas de laurel ciñieron a quién se lo merecía. Los innobles Nerón y Calígula se hicieron esculpir con ellas.

El laurel es un árbol propio de la cuenca mediterránea, de hasta diez metros de altura. Sus hojas, de 4 a 9 cm, tienen forma de punta de lanza, son verdes y lustrosas por el dorso y más pálidas por el revés. Presenta, desde marzo a abril, pequeñas flores amarillas. Los frutos que dan, primero son verdes y cuando maduran, negros, coriaceos y pequeños. Los botánicos conocen está especie con el nombre “Laurus nobilis”.

Las hojas, preferiblemente secas, se utilizan en la cocina como aromatizador y saborizante, típico en la cocina mediterránea en guisos y estofados, sean de carne, pescado o solo de ingredientes vegetales. En México, donde se usa también como especia, se le denomina a la planta “Laurel de Castilla”.

Como planta medicinal se emplea, en infusión, para estimular el apetito y mejorar la digestión. No conviene abusar de su ingesta, en grandes dosis puede resultar tóxica.

El aceite esencial que se extrae de las hojas se denomina “manteca de laurel”. Se emplea, de forma externa, para aliviar los dolores de huesos y eliminar piojos del cabello. La madera se puede aprovechar para realizar delicados trabajos de ebanistería y marqueteria. El ejemplo más conocido está en la provincia española de Granada, formando parte de la denominada “Artesanía del Albaicín”.

Es preciso tener cuidado con no confundir el laurel con otro árbol, de nombre científico Prunus laurocerasus y de nombre común laurel cerezo. Esta especie es muy tóxica, rica en ácido cianhídrico, precursor del cianuro, capaz de producir un envenenamiento mortal. Podemos convertir un inocente guiso de ternera en un plato digno de la mesa de un emperador traicionado o de algún Papa que se pasó de listo.

El laurel cerezo es nativo de un ecosistema atlántico conocido como laurisilva. Fuera de ahí, podemos encontrarlos en jardines y parques. Este árbol es más bajo que el laurel común, las hojas son un poco más alargadas y las flores son blancas, no amarillas.

Los frutos son carnosos, oscuros y con la apariencia de pequeñas uvas o cerezas. Son la única parte de la planta que no es venenosa.

Sin embargo, es mejor no jugársela y dejar tranquilos a los árboles urbanos. Para aquel que no sea experto es mejor recurrir por costumbre a los comercios para adquirir condimentos y alimentos vegetales. Nos ahorraremos muchos disgustos, la Naturaleza es hábil para camuflar las especies y tiene mala leche con los incautos. No olvidemos el mundo de las setas y su terrible currículum.

Una leyenda de la mitología griega cuenta que las disputas entre el dios Eros y el dios Apolo crearon al laurel:

Apolo se burló de la habilidad de Eros cuando lo vio practicar con el arco y las flechas. Eros, enfadado decidió vengarse de Apolo. Fabricó una flecha de oro, que avivaba el amor y otra de plomo, que alimentaba el odio. Después disparó la de oro contra su enemigo, quedando éste completamente enamorado de la ninfa Dafne, a la que ensartó la flecha de plomo, que alimentaba el odio. Así Apolo amaba a Dafne, pero ella lo aborrecía. Apolo perseguía a Dafne y la ninfa huía de él. Cuando al final la atrápo, Dafne pidió ayuda a su padre, el dios Ladón que la librara de Apolo. El padre la convirtió en laurel. Apolo, desolado, se hizo protector de estos árboles, concediéndoles la longevidad y la eterna juventud. Desde entonces, será su símbolo y coronará la cabeza de los héroes.

En la cultura mediterránea se dice: ” El que planta laurel, nunca lo verá crecer”, haciendo referencia a su lento crecimiento. Los supersticiosos afirman que sembrar este árbol es invocar a la muerte, pero que yo sepa, está gente que ejerce de adivinos no se priva de sus hojas para elaborar sus estofados. Es un típico caso de doble moral.

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