Demonios en tu jardín. Plantas ornamentales venenosas (III).

Con este post concluimos la enumeración de algunas de nuestras peligrosas inquilinas, tan hermosas como temibles. La belleza no es garantía de bondad, ni la ausencia de ésta implica maldad. Los conceptos de belleza, bondad, fealdad, maldad, no tienen sentido en el mundo vegetal. Estos conceptos deberán ser sustituidos por útil, inútil, ventaja evolutiva, desventaja evolutiva, adaptabilidad….

CORONA DE CRISTO: Esta planta es una especie del género Euforbia, su nombre específico es Euforbia milii. Es un arbusto espinoso de hasta 1.5 metros de altura, originario de Madagascar y poco exigente respecto a sus cuidados. Las flores pueden ser rojas, rosadas, amarillas o blancas. Los tallos tienen largas y pinchosas púas y, a veces son curvados. La imaginación popular ve en ellos la corona de espinas de Cristo, pero, si la hubo, debería ser de otra especie vegetal. Madagascar pilla un poco lejos de Jerusalén, sin embargo, como Dios es todopoderoso, no podemos excluir ninguna opción… xP

Como todas las especies de su género poseen látex, un líquido interno de aspecto lechoso, muy irritante y cáustico cuando los tallos u hojas se rompen y entran en contacto con piel y ojos. Si se ingiere, provoca intenso escozor en boca y garganta, dolor abdominal y vómitos. El principio activo responsable de los síntomas recibe el nombre de 5-desoxigingenol, cuya fórmula puede verse en la siguiente ilustración.

DRAGONERA: Recibe el nombre científico de Drancunlus vulgaris. Esta vistosa planta es natural del Mediterráneo, posee hojas muy divididas y puede alcanzar la altura de un metro. Se cultiva por las vistosidad de sus influorescencias (agrupación de flores), protegidas por una estructura, llamada espata, que tiene el aspecto de una hoja gigante, púrpura por dentro y verdosa por fuera.

Cuando las flores están listas para ser polinizadas, expanden un hediondo olor a podrido que atrae a las moscas. El médico griego, Dioscórides, decía que los colores de la epidermis recordaban la piel de las serpientes y dragones (de ahí el nombre) y que, en consecuencia, eran útiles para las mordeduras de serpiente.

Se ha utilizado en la medicina popular para curar quemaduras, callos, sabañones, incluso cataratas, sin embargo, es mejor abstenerse de usarla si no se sabe neutralizar el cocktail tóxico que contienen todas las partes del vegetal: Aroína, oxalato cálcico y glicóxidos cianogénicos. En la piel produce dolorosas ampollas, si se ingiere, además de llagas en la boca y tubo digestivo, si la cantidad es grande, produce vómitos, somnolencia y parada cardiorespiratoria. Prefiero que me muerda una serpiente, con todos mis respetos para Dioscórides.

VINCA: También llamada Hierba Doncella, consta de 5 especies e infinidad de variedades ornamentales. Forma densas coberturas vegetales siempre verdes en los jardines y bellas flores de 5 pétalos, ligeramente girados, de colores blancos, violetas, rosas y rojos. Su ingestión es tóxica para humanos y sobre todo para perros. Sus jugos internos son ricos en alcaloides venenosos como son vincamina, isovincamina y vicamidrina.

NARCISO: La mitología griega nos habla de un hombre muy bello, Narciso. Varones y hembras estaban enamorados de él, pero Narciso los desdeñaba y se burlaba de todos, ninguno era merecedor de sus favores. Narciso provocaba a su alrededor desgracias y muertes, le gustaba jugar cruelmente con los sentimientos ajenos. Un día, Némesis, la implacable diosa de la venganza, decidió darle una lección al hermoso malvado. Provocó que Narciso contemplara su rostro reflejado en la superficie de un riachuelo. Narciso se enamoró locamente de la belleza del desconocido sin saber que era él mismo. Cuando intentó besarse descubrió el engaño y la diosa lo castigó, convirtiéndolo en una elegante flor de olor penetrante y embriagador.

Esta planta es originaria de la cuenca mediterránea. Las hojas y bulbos tienen alcaloides (lincorina) y glicóxidos (galautamina) que si entran en el aparato digestivo producen diarrea, vómitos, dolor abdominal, salivación excesiva y letargo. Su nombre genérico es Narcisus y posee muchas especies.

DEDALERA: Su nombre científico es Digitalis púrpurea. La podemos encontrar también en el medio natural, formando parte del sotobosque de hayedos, robledales, encinares o alcornocales. Es muy llamativa. De una verde roseta, nace un largo tallo donde están las flores, escamosas, rosadas o amarillas, y recordando, con su forma, un dedal.

Los principios activos del vegetal son glicóxidos cardiotónicos, digoxina y digitalina, muy útiles para determinados tratamientos médicos. Estas sustancias son fabricadas por la planta con la intención de librarse de sus enemigos naturales y son más abundantes si el ejemplar se recolecta por las tardes. Si alguien ingiere la planta experimenta graves alteraciones del ritmo cardíaco y visión amarilla. Si la dosis es excesiva, los síntomas desembocan en paro cardíaco.

Los envenenadores de todos los tiempos la han usado con mucha frecuencia, en particular, las hojas. En la Roma de los Borgía muchos asesinatos quedaron encubiertos como fallos cardíacos, cuando, en realidad, el fallecimiento correspondía al suministro de un extracto de hojas de esta planta. Se especula que la prematura muerte del Papa Juan Pablo I fue a causa de las toxinas de digitalis, suministradas por los mismos que evitaron que se efectuara la autopsia.

Endémica del sur de España y el norte de Marruecos existe otra especie de dedaleta, con características semejantes, pero de flores más oscuras, se llama Digitalis obscura.

El uso que les asignamos a las plantas sólo les resulta relevante a ellas si ayudan a su reproducción y dispersión. Sus armas, sean físicas o químicas, pretenden disuadir a los humanos y animales y que las dejemos en paz,

Los seres vegetales pretenden sobrevivir, igual que el resto de los seres vivos, ya sea como individuos o como especie. No entienden de ética y valoraciones morales, pero tampoco fabrican armas apocalípticas o favorecen el calentamiento global. Esos asuntos son responsabilidad de los humanos, los mismos que han inventado los códigos éticos. La humanidad, en conjunto, pese a su consciencia y desarrollo cerebral, se comporta en contra de la lógica más elemental.

En definitiva, los verdaderos demonios del jardín somos nosotros.

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