Corcho, el reverso del plástico.

El corcho es un material biodegradable que permite muchos usos y su producción es perfectamente sostenible y beneficiosa para el ecosistema, todo lo contrario del plástico, en su mayor parte no biodegradable, no sostenible y una verdadera ruina para la Biosfera.


El uso más popular del corcho es para la fabricación de tapones para botellas de vino. El material sobrante de la elaboración de tapones se muele y se compacta más tarde formando el aglomerado de corcho, gran aislante térmico y resistente al fuego. Se utiliza para aislar las cápsulas de los satélites artificiales, paredes, suelos… También en la fabricación de calzado y otros objetos domésticos.

El corcho es la corteza de un árbol, el alcornoque, cuyo nombre científico es Querqus suber. Es una especie arborea de porte medio, hojas de hasta 7 cm, con los bordes serrados, dorso verde oscuro y envés más claro. Los frutos son bellotas de 2 a 3 cm de largo.

Este árbol es originario de Europa del Sur y el Norte de África, pero su valor económico ha dispersado su presencia por muchos más sitios. Actualmente la mayor extensión de alcornocales de Europa se encuentra en Portugal. En España Andalucía y Extremadura son las comunidades con más alcornoque.

El alcornoque silvestre es propio del bosque mediterráneo, sustituye a la encina en lugares más húmedos, con menos frío y suelos no calizos. Cuando crece cultivado forma un ecosistema muy peculiar, la dehesa, donde constituye el estrato arbóreo sobre suelos de pastos o matorrales. Las dehesas, pese a ser formaciones artificiales, tienen alto valor ecológico: Las bellotas alimentan la fauna, sea de pluma o pelo, las ramas permiten el anidamiento de multitud de aves, resisten los incendios forestales (el corcho es una adaptación evolutiva del árbol frente al fuego) y favorece la presencia de aguas freaticas.

Además de la obtención de corcho, los alcornocales sirven para criar ganado, en particular el cerdo ibérico. La madera se usa para muebles y la fabricación de carbón vegetal.

La extracción del corcho es exclusivamente artesanal (generando muchos puestos de trabajo) y no daña al árbol. La primera recolección se efectúa cuando el alcornoque tiene de 30 a 50 años de edad y no es de gran calidad (corcho bornizo). El resto de las cosechas se realizan cada 9 o 14 años, si las lluvias escasean, como hoy en día, la producción disminuye.

El negocio del corcho es un ejemplo de gestión ecológica de los recursos naturales. El corcho renovable, biodegradable, sostenible, útil, natural y bonito. Deberíamos hacer un boicot mundial a los tapones sintéticos.  

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