El lino, desde Egipto a la mesa de los veganos.

El lino es una planta herbacea originaria de las cuencas del Nilo, Tigris y Eufrates, las cunas de la civilización. Los botánicos la conocen con el nombre de Linum usitatisimus. De su tallo se obtiene una fibra textil y de sus semillas aceite y harina (de linaza).

En el Antiguo Egipto, el clima, cálido y seco, obligaba a sus gentes a vivir al aire libre y a usar ligeras vestiduras. En principio usaron el algodón, pero este fué rápidamente reemplazado por el lino, que permitía conseguir blancos más puros y era menos caluroso. Hasta la coronación de Alejandro Magno como faraón, en el siglo IV a.C., no se utilizó la lana para elaborar tejidos.

El aceite de linaza es empleado para la fabricación de cosméticos, para disolver pinturas y como alimento. En los Andes, acompañado por el zumo de cítricos y agua constituye una bebida muy popular. En la cocina no sirve para freír, se descompone a 180°C, sin embargo, para consumir en crudo es muy apreciado, particularmente por los veganos, debido a su alta composición en ácidos grasos omega, que son muy saludables.  

Los ácidos grasos son un componente esencial de las grasas, que además de ser un almacén de alimento, intervienen en el metabolismo, siendo responsables de la asimilación de vitaminas, la regulación de la tensión arterial y la cantidad de colesterol en sangre. Los ácidos grasos omega son los más adecuados para estas funciones y los de origen animal, los más contraproducentes. El cuerpo humano es incapaz de sintetizar los ácidos omega y necesita ingerirlos con la dieta. El aceite de linaza tiene una alta proporción de estas benéficas sustancias, también presentes en las nueces, el girasol y la soja.
Él lino es un planta anual, de no más de 80 cm de alto, con hojas alargadas y delicadas flores azules. El fruto, se denomina ” baga” o “gárgola”. En el hemisferio norte florece de febrero a abril. Los mayores productores del mundo son Canadá, China y Rusia

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El lino ha sido y es un buen compañero de viaje a lo largo de nuestra historia. La humanidad tiene una deuda insalvable con el Reino Vegetal, todas las especies, de un modo u otro favorecen y hacen posible nuestra existencia. Estamos obligados a conocerlas y respetarlas.

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