El Mar de los Sargazos y la Perla Negra

El Mar de los Sargazos es un mar misterioso, situado frente a la cara atlántica de América del Norte y, excepto las Islas Bermudas, no baña costa alguna. Tiene una extensión siete veces mayor que la de España y fue avistado por Cristóbal Colón en su primer viaje. Cubierto por masas de vegetación, en verdad, el alga Sargazo, el navegante genovés creyó que eran restos de plantas de una costa cercana. Pero el almirante se equivocaba, todavía le quedaba un buen trecho por recorrer y el viento había desaparecido. En los siguientes viajes, Colón, conocedor de esta zona de calmas, eligió otras rutas. Muchos de los que emprendieron los siguientes viajes de descubrimiento caían en la trampa de este mar de pocos vientos y corrientes.

La leyenda comenzó a engrandecerse, cuando muchos de los barcos que surcaban estas aguas nunca más regresaron. Los que eran capaces de atraversarlo hablaban de buques fantasmas tripulados por cadáveres, como la Perla Negra del Capitán Sparrow.

La imaginación popular creó una corte de monstruos (pulpos gigantes, krakens, leviatanes…) para explicar las misteriosas desapariciones y los extraños encuentros. Se especuló, también, que bajo estas aguas se encontraba el continente perdido de la Atlántida, como reflejó Julio Verne en 20.000 Leguas de Viaje Submarino, que culpaba de los siniestros sufridos por desdichados navegantes a las actividades volcánicas que en su día hundieron el continente perdido y que emitían venenosas emanaciones.

En los años setenta el asunto llegó más lejos y nació el mito del Triángulo de las Bermudas, lugar donde no sólo se perdían embarcaciones sino también aviones, incluso escuadrillas enteras. Muchos afirmaban que habían visto ovnis, aunque el primero que los citó fue el propio Colón en una época que el asunto no estaba de moda y paso desapercibido.

En sus Diarios, Cristobal Colón nos cuenta que en una oscura y calurosa noche de calma chicha, él y alguno de sus marineros, observaron una luminaria que se movía a gran velocidad a pocos grados sobre el horizonte. El almirante lo inerpretó como una señal de la divinidad que le auguraba el éxito en su empeño.

Fueron unos marineros portugueses los que bautizaron ese trozo de océano como Mar de los Sargazos. La “maleza verde” que abundaba en la superficie era un alga parda (feofícea) que puede alcanzar centenares de metros y que tiene unas vesículas repletas de aire que actúan de flotadores y que recordaban una variedad de uvas frecuentes en Potugal llamaradas “salgaso”.

El Mar de los Sargazos se encuentra entre los meridianos 70º y 40º O y los paralelos 25º a 35º N, y está limitada por corrientes oceánicas, al Oeste la corriente del Golfo, al Norte la Corriente del Atlántico norte y al Sur una de las corrientes ecuatoriales.

Estas corrientes interacionan moviendo las aguas cálidas interiores en lentos círculos concéntricos de sentido horario y su centro es de una calma eólica notable. Las aguas superficiales son menos densas y con mayor temperatura que las aguas profundas, más ricas en nutrientes, pero escasas de luz a consecuencia de las algas flotantes, convirtiendo este mar en una zona de poca fauna. A consecuencia de esto, los barcos inmoviles encontraban escasa pesca y sus tripulaciones sufrían hambre cuando se agotaban las provisiones, sin mencionar el agua potable, imposible de reponer. Si los vientos tardaban en llegar los marineros morían.

La única excepción que podemos hacer respecto a la poca abundancia de animales marinos es que este mar es el lugar elegido por las anguilas para desovar.

El sargazo, en términos científicos sargassum, desciende de un tipo de algas que suelen crecer adheridas a las rocas próximas a la costa, pero se ha adaptado por completo a la vida flotante en alta mar. De color pardo o verde oscuro, estan diferenciadas en rizoides (estructuras parecidas a raices), estipes (a la manera de tallos) y láminas (parecidas a hojas) todas con texturas duras y flexibles. Algunas especies tienen vesículas llenas de aire para flotar y ayudar en la fotosíntesis.

La profundidad de las aguas es de 4500 metros de media, así el que quiera buscar la Atlántida que consiga un buen submarino, un potente sistema antimonstruos, unos cuantos amuletos antifantasmas y un gorro de papel de aluminio para comunicarse con entidades extraterrestres.

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