Betel en el mercado de Bombay

Un mercado en la India es un microcosmos de olores, colores y muchedumbre humana. Entre la caótica multitud de puestos de venta y acosado por el húmedo calor, yo buscaba uno donde se vendieran especias. No sólo me movía la curiosidad botánica, también quería aprovisionarme de condimentos para futuros esperimentos culinarios. 

Había un pequeño puesto, sólo una tela en el suelo, donde un anciano atendía con lentitud a una enorme fila de personas. Vendía unas rodajas de frutos rojizos, parecidos a la nuez moscada, que envolvía en una hoja fresca, de forma acorazonada, verde oscura. Intrigado, me puse en la cola y por unas rupias conseguí uno de esos paquetitos vegetales. Vi que los compradores anteriores a mi se lo echaban a la boca y lo masticaban. Hice lo mismo que ellos. El sabor era picante y muy amargo, pero resultaba refrescante. Mi boca se llenó de tal cantidad de saliba que rebosaba por las comisuras un líquido del color sangre y no tuve más remedio que escupir. Sin embargo, no me resultó embarazoso, el suelo estaba repleto de manchas rojas semejantes a la que yo había arrojado. A los escasos minutos mi pulso se aceleró y comencé a sudar de forma copiosa. Fué como tomar diez cafés de golpe. Mis pensamientos se aceleraron y mis estómago se contrajo de forma dolorosa. Escupí de nuevo, esta vez todo el contenido de mi boca. 

Durante el resto del día no pude comer y anduve sin rumbo como un poseso por las callejuelas de Bombay con el cerebro a mil revoluciones, hasta que por la noche, ya harto, me dirigí al caluroso hotel donde me alojaba. Tampoco pude dormir hasta que salió el sol, agotado física y mentalmente. 

Cuando a mediodía me levanté y pude echarle algo a mi torturado estómago, logré centrar mis pensamientos. Un poco avergonzado, le narré a uno de los camareros en un patético inglés mi experiencia del día anterior. El hombre se rió con ganas y mirándome como miramos en España a los guiris despistados, pronunció la palabra “betle”. Le pedí que me la escribiera correctamente. El camarero tampoco pronunciaba el idioma colonial como Orson Welles.
Una semana más tarde, ya en mi país, consulté en una biblioteca (estábamos aún en la época preinternet) qué demonios había tomado en el mercado de Bombay. La traducción al castellano de “betle”, era muy semejante a su fonética en inglés: Betel.  

El betel, en realidad, son dos plantas bien distintas:

• La hoja proviene de un arbusto de un metro de alto, pariente del árbol de la pimienta, originario de Malasia e introducido en la India, Sri Lanka e Indonesia. Su nombre científico es Piper betle. Entre sus efectos se citan la producción de saliva y ciertos efectos medicinales como la prevención del mal aliento y el tratamiento de diarreas, parásitos intestinales, tos, asma… De propina, su abuso provoca cáncer de esófago. Empezamos bien…

• El fruto pertenece a una palmera que puede alcanzar los 30 metros de altura y es de tronco estrecho, a lo sumo 30 cm. Es originaria de Indochina. Se cultiva para obtener sus frutos, preferiblemente cerca del mar. Su nombre científico es Arepa catechu. Sus propiedades médicas son semejantes a la de la hoja anterior añadiéndole los efectos estimulantes sobre el sistema nervioso. También es cancerígena. Los alcaloides responsables de sus efectos neurológicos son arecolina, arecaidina, guvacina y guvacolina.

No hay datos de cuándo y como la hoja de betel y la nuez de areca fueron consumidos juntos por primera vez juntos, siendo, como son, originarias de lugares distintos. En Filipinas, Tailandia e Indonesia se han hallado pruebas arqueológicas que indican que ambas sustancias se mascan juntas desde hace 4000 años. En la India están asociados a rituales matrimoniales, simbolizan la unión de lo diferente para crear una unidad, pero, como ví, también se usan cotidianamente, como una mezcla de dentrífico (les purifica el aliento) y estimulante (te pone como una moto y engaña al hambre), de la misma manera que los andinos mascan la hoja de coca.

Cuando Don Quijote le aconsejó a Sancho Panza: “Allá donde fueres haz lo que vieres” seguro que no estaba pensando en la India. Es bueno viajar y experimentar cosas nuevas, se aprende mucho. Pero tampoco estorba preguntar antes..

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