Plantas carnívoras

Lo habitual para las plantas es encontrarse en el menú de los animales, pero en el Juego de la Vida todo es posible. Hay vegetales que cazan animales para completar su dieta. La fotosíntesis, usando como materia el dióxido de carbono y el agua y cómo fuente de energía la luz, alimenta a la planta. Sin embargo, hay otros requerimientos dietéticos, por ejemplo, el nitrógeno, que debe ser obtenido por otros procedimientos, ya sea de la atmósfera, del suelo o, en este caso, del Reino Animal.

Las plantas carnívoras han desarrollado diferentes estrategias para capturar a sus víctimas, casi siempre insectos o arácnidos.


Trampas pegajosas: Como la Drosera. Unas amables gotitas de apetitoso color sobre una alargada hoja llaman la atención de una mosca, que acude rápida al reclamo. Cuando el insecto descubre que se trata de un engaño e intenta escapar, ya es muy tarde. El agónico forcejeo de la presa sólo ha contribuido a empeorar la situación. El predador no tiene prisa, para él, el tiempo transcurre a otra velocidad. Al cabo de unas horas la hoja se enrolla sobre si misma, envolviendo a la mosca y secretado a continuación las sustancias que la digerirán.


Trampas de resorte: Nuevamente las hojas se encargarán del trabajo sucio, usando las adaptaciones anatómicas adecuadas. En el caso de la Venus Atrapamoscas, la víctima se sientre atraida por el colorido de la superficie foliar y decide posarse sobre el posible manjar. Esta vez, el cazador actúa con rapidez, las hojas poseen un eje de giro y son capaces de moverse, cerrando así el espacio donde está la presa, que no podrá huir. Después, vendrán los jugos digestivos y las sustancias nitrogenadas del insecto cambiarán de dueño. Por último, la trampa se abrirá, un cuerpo seco caerá al suelo y comenzará de nuevo el ciclo.


Trampas de depósito: Las hojas del Nepenthes Villosa, dejan de parecerlo y se convierten en seductores almacenes de líquidos manjares o en generosas fuentes saciadoras de la sed. Da igual, lo uno y lo otro. Son crueles espejismos. Seas hambriento o sediento, resbalarás por las húmedas paredes del depósito y te precipitarás hasta el fondo, encontrándote con los restos de los que te han predecido a medio digerir. Estás en el infierno de los insectos, reza tus oraciones.

Para los humanos las plantas carnívoras no presentan ningún peligro, por ahora. Pero, en un futuro, habrá que tener cuidado. La evolución nunca se detiene y no olvidemos que el Mundo Vegetal está bastante cabreado con nosotros.

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