¿Hay vida (inteligente) en Europa?

Europa fue descubierto por Galileo en 1610, gracias a un prodigioso artilugio de su invención, el telescopio, dos lentes, cada una en un extremo de un cilindro. Hasta la sonda Voyager en los setenta y más recientemente la llamada Galileo, estrellada en Júpiter hace poco, no sabíamos mucho del satélite del planeta antes citado, conocíamos a sus compañeros Ío, Calisto y Ganimedes, que era más pequeño que la luna y, cómo ésta, siempre ofrecía la misma cara al centro de su órbita, en esta caso Júpiter.Hoy sabemos que posee una atmósfera de oxígeno y mar de 100 Km de profundidad, cuya superficie está congelada y tiene un espesor de 3000 m según unos autores y 30 Km según otros. En su superficie se aprecian acanalamientos, parecidos a venas gigantescas, se supone que son afloramiento de sales marinas. Las temperaturas son muy bajas sobre el planetoide, pero en su interior el agua está en estado líquido y dada la composición de la atmósfera, con abundante oxígeno disuelto.


La luz solar impulsa el ecosistema marino terrestre mediante la fotosíntesis, sin embargo en Europa el hielo no permite la llegada de la luz al agua líquida. Pero de la misma manera que en la tierra, los surtidores submarinos de gases volcánicos son una alternativa probable. En la profundidad de nuestros océanos y en completa oscuridad, en condiciones semejantes a las de Europa, se forman pequeños ecosistemas, con una fauna compuesta de gusanos, moluscos y crustáceos.

La posibilidad de que pueda haber vida no garantiza su presencia. Necesitamos ir allá. Sean robots o astronautas la forma elegida, siempre con la precaución de no contaminar con nuestros gérmenes un mundo virgen. La sonda Galileo, en los planes originales debía chocar contra Europa, para obtener ciertos datos importantes previos al impacto. Menos mal que alguien se dio cuenta a tiempo. Nadie había pensado en esterilizar el artefacto viajero previamente. Podíamos haber sembrado entidades microscópicas terrestres, aliens para los europeos y organizado una chapuza de dimensiones cósmicas.

Por cierto, Europa era una mujer tan bella que enamoró al mismísimo Zeus, que la secuestró mediante engaños, convirtiéndose en un aguerrido toro blanco. Cuando ella se montó en su grupa, rápidamente la adentró en el mar y se la llevó a una isla, donde la haría reina. De este encuentro nació Minos, rey de aquella isla, Creta.

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