El Agente Naranja

Durante la Guerra de Vietnam (1962-1971) el Gobierno de USA decidió utilizar armas biológicas. Un gigante militar y económico, un moderno Goliat de altas botas, estaba retrocediendo frente a un David en sandalias, pobre y hambriento.

En esta contienda los americanos dejaron a un lado las más elementales reglas éticas, todo valía con tal de ganar. El asesinato de seres humanos, con independencia de su condición de soldados o civiles, de jóvenes o viejos, fue la norma. Laos y Camboya también sufrieron las iras del Imperio por apoyar al país hermano.

Varias empresas biotecnológicas yankees, en especial Mosanto, recibieron el encargo de fabricar productos herbicidas y desfoliantes para dispersarlos sobre bosques y cultivos, lanzandolos desde aviones. De esta manera el enemigo pasaría hambre privado de sus cosechas y no tendría un refugio para ocultarse bajo árboles sin hojas.

El Agente Naranja, llamado así por el color de los contenedores usados en su almacenaje, era el más efectivo, aunque también se usó el Agente Blanco, el Azul, el Violeta, el Rosa… un maldito arcoiris de diferentes composiciones.

El Agente que nos ocupa ahora es una mezcla del ácido 2,4-diclorofenoxiacetico y del ácido 2,4,5-triclorofenoxiacetico. Además, debido a las prisas en su elaboración estaba contaminado por dioxinas, todavía más peligrosas y que merecen varios post monográficos.

No sólo se vieron afectados arrozales y bosques, las sustancias arrojadas afectaban directamente a los humanos  provocando cánceres a los que entraban en contacto con ellas y malformaciones en sus hijos. Asì murieron un millón de asiáticos y el 20% de la selva desapareció, sin contar los efectos de las bombas incendiarias de napalm y el armamento convencional.

Los procesos de descontaminación todavía están en curso y aún nacen niños mutantes, pero los asesinos se niegan a asumir las consecuencias del desastre.
La empresa Mosanto sigue fabricando herbicidas y desfoliantes, casi iguales al agente naranja y los gobiernos miran a otro lado. Hoy está a la vanguardia en la producción de semillas trasgénicas, usadas a nivel mundial. Muchos grupos ecologístas y científicos independientes acusan a la multinacional de fabricar engendros que están generando serios problemas ambientales y que pueden producir muchos más en un futuro no muy lejano. Sin embargo los adversarios de Mosanto están perdiendo todas las batallas, estrellándose con imbatibles muros construidos con sobornos y desinformación.

La manipulación genética de semillas es un arma de doble filo, porque sólo se tienen en cuenta los beneficios (resistencia a plagas, mayor productividad, menores exigencias hídricas). Las consecuencias negativas de introducir en los ecosistemas ADN’s que funcionan como si fueran alienígenas son impredecibles, sin embargo no se invierte en su conocimiento y lo que se sabe se oculta a la ciudadanía. Hay muchos dólares en juego.

La multinacional Bayer, la asesina de abejas, ha absorbido a Mosanto hace poco. El Diablo los cría y ellos se juntan.

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